___POESÍA Y REVOLUCIÓN, Hungría 1956___Vissza
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Una frase sobre la tiranía: Cincuenta años después de la Revolución de Hungría Vera Székács
En el año 16 de la democracia de Hungría corrió de nuevo la sangre de los motines por las calles de Pest, y una muchedumbre de diez mil personas estuvo manifestándose cada noche frente al Parlamento, exigiendo la renuncia del Gobierno, en una grave crisis moral de la clase política dirigente y una crisis económica y política igualmente grave para el pueblo, se dio el año pasado el aniversario 50 de la Revolución de 1956 contra la férrea dictadura comunista, impuesta por la Unión Soviética. ¿Cómo se esperó el aniversario? Más divididos que nunca, mucho más que en la dictadura, y los poetas están callados, retirados a su mundo, porque la democracia no es un campo fértil para la poesía política.
Los gloriosos días de la Revolución – apenas trece – duraron hasta el 4 de Noviembre, día en que las tropas soviéticas invadieron Hungría, y después de una lucha por la Independencia que fue un “budapestazo” en grande y se extendió por todo el país, vino la dura represión de parte del Gobierno de János Kádár, telecomandado desde Moscú. Represión que culminó con el ahorcamiento de Imre Nagy, Primer Ministro legítimo de la Revolución – comunista también, pero un comunista que se había atrevido a proclamar la neutralidad de Hungría, y por eso debió morir.
Todo eso pertenece ya a la Historia, pero la Revolución de Hungría dio un ejemplo duradero al mundo, y su memoria sigue viviendo intensamente en los que participamos (yo, estudiante universitaria flamante) en la famosa manifestación del 23 de Octubre, y estuvimos frente al mismo Parlamento, exigiendo que Imre Nagy apareciera en el balcón. Fue un martes casi de verano, de sol radiante frente a la estatua de Sándor Petőfi, poeta y mártir de la Revolución de 1848, que continuó con bruma frente al Parlamento, y terminó con los primeros disparos de la noche, frente a la Radio Nacional.
Tampoco los poetas callaban en esos días. La botella a presión, tapada por la censura total del régimen comunista a partir de 1949, estalló en los primeros días de la Revolución; aparecieron poemas ocultos en un rincón, y muchos poemas nuevos nacidos con el ímpetu de los primeros días, escritos por poetas grandes y menos, y hasta por personas que no eran poetas, pero que no podían con su pasión y empuñaron la pluma. No importaba el nivel poético en esos días: la gente devoraba las palabras de la Revolución, impresas en los varios periódicos tradicionales y recién nacidos. (Todos esos poemas fueron reunidos en un grueso libro que salió hace unos años, con el título de En Pest la calle roja en sangre.)
La publicación semanal literaria de Budapest era el Irodalmi Újság (Gaceta Literaria), y el número que salió el 2 de noviembre – el primero aparecido después del 23 de octubre – fue una verdadera revelación. En él se pudo dar espacio a la voz libre de muchos de los más importantes poetas y escritores húngaros. Todos ellos saludaron y apoyaron unánimemente la Revolución. No sabían el poco tiempo que habría para el júbilo: dos días después, al alba del 4 de noviembre, los tanques soviéticos invadieron el país.
Ese único número de Irodalmi Újság libre, encabezado con el poema de Petőfi Los húngaros se han vuelto otra vez húngaros, llegó a ser famoso en el mundo entero, y traducido, en su totalidad o parcialmente, al francés, al italiano, al inglés y a varios idiomas más, ya en 1957. La traducción polaca apareció en edición samizdat, en 1986.
Entre tantas voces vigorosas de ese número destaca la de Gyula Illyés. Como afirmó Alain Bosquet en 1963: “Una frase sobre la tiranía, su famoso poema, permanecerá como uno de los más puros lamentos de una generación obligada a gritar al mundo con gran fuerza y vehemencia su verdad primordial”. El poema lleva la fecha de 1950, uno de los años más duros de toda la dictadura estalinista. En vida del poeta nunca más fue publicado en Hungría. Apareció en 1986, en los últimos años del régimen, más blandos, en un libro póstumo.
Una frase sobre la tiranía es el poema húngaro que mayor repercusión ha tenido en el siglo XX. Para muchos húngaros es también el más importante del siglo, de igual trascendencia a la que tuvo en el siglo XIX el Canto Nacional de Sándor Petőfi, al estallar la Revolución de 1848, que dio inicio a la Guerra de Independencia contra los Habsburgo – otra guerra perdida.
Después de la derrota de la Revolución, Illyés, como otros, cesó de publicar por largo tiempo. En 1957 escribe en su diario: “Frente al ataque, a la acusación, el escritor tiene un triunfo. No contesta. Así, a quien lo critica, le pasará lo que al hacedor de lluvia: su lluvia no llega. Y tiene otra arma terrible: tiene el derecho de destruir un valor social. Se calla. Sin embargo, hay que tener cuidado, porque si en el transcurso de una generación un país tiene diez escritores verdaderos, puede estar feliz de su suerte. El escritor verdadero se reconoce también por sentir cuándo se ofenden su justicia y su verdad. Un pequeño abuso contra diez personas, y la nación quedará muda durante una generación”.
Otros dos poemas de nuestra selección, Los caídos de László Benjámin y En Pest la calle roja en sangre de Lajos Tamási salieron en el mismo número de Irodalmi Újság, causando gran repercusión, y hasta mucha consternación porque ambos poetas habían estado muy comprometidos con el Partido Comunista de los años anteriores, ocupando cargos políticos en instituciones literarias. Pero la ira y la desesperación manifestadas en esos poemas eran tan intensas y auténticas que ambos poemas llegaron a ser muy populares tras su publicación casi simultánea en los periódicos de la Revolución.
El poema Flota de Ágnes Nemes Nagy, la grande dame de la poesía húngara del siglo XX, fue escrito en 1957, pero no pudo salir por mucho tiempo. Nemes Nagy estaba entre los poetas que no se comprometieron con la dictadura comunista y por eso su revista Újhold (Luna Nueva) fue suprimida al inicio del régimen estalinista, y las puertas de las editoriales se cerraron delante de ellos casi por un decenio.
Los poemas Ángel del Cielo de Sándor Márai y Dándole lustre a Octubre de György Gömöri nacieron en la emigración. Márai, uno de los novelistas y publicistas húngaros más destacados de la primera mitad del siglo XX, después de haber perdido Kassa, su adorada ciudad natal, que en 1921 cesó de pertenecer a Hungría, después de haber perdido su biblioteca entera, de más de seis mil libros, en las llamas de su casa de Budapest, bombardeada en la segunda guerra mundial, emigró del país en 1948, ante la inminencia de la dictadura comunista, para no perder incluso hasta su libertad de expresión frente a la censura; y prohibió la publicación de sus obras en Hungría, mientras durara la dictadura comunista. Por eso las generaciones más jóvenes no pudieron conocer su obra antes de los años 90; ahora es uno de los autores más leídos. Ángel del Cielo, cuyo título cita las primeras palabras de la canción que todo el mundo canta al encender las velas en el Árbol de Navidad, fue conocido pronto en Hungría, transmitido por emisoras de radio desde el extranjero.
El poeta György Gömöri, emigrado de Hungría en el mismo mes de la derrota de la Revolución, noviembre de 1956 –como uno de los más de 160 mil húngaros que emigraron del país en esos meses, mientras la cortina de hierro no se cerró de nuevo - revive en su poema sus emociones y experiencias de miembro del Círculo Petőfi, el círculo de intelectuales precursores de la Revolución, y de redactor de la Revista Universitaria que dio lugar a las exigencias de los estudiantes.
Dándole lustre a Octubre es un hermoso gesto poético para defender la verdad frente a la mentira. A partir de noviembre de 1956, el Gobierno de Kádár rebautizó la Revolución, llamándola Contrarrevolución. Los que pronunciaban la palabra Revolución, se arriesgaban a la cárcel o la pérdida del trabajo. La palabra Contrarrevolución, impuesta por más de treinta años y usada en todos libros y medios de comunicación, fue acompañada por una serie de mentiras, por un proceso de ensuciar y criminalizar la Revolución. La mayoría de la gente no estaba dispuesta a pronunciar la palabra Contrarrevolución, y para evitar esa palabra se generalizó por tres decenios el uso del eufemismo: los lamentables sucesos de Octubre. La palabra Revolución fue rehabilitada solo en 1989, por el Comité Político del mismo partido que la había ensuciado, pero para entonces era tarde: el régimen ya estaba tambaleando.
Budapest, Hungría
Luna de Locos, 2007 No. 16. 27-41. p. |
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Una frase sobre la tiranía Gyula Illyés Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Donde haya tiranía, está la tiranía no sólo en calabozos ni en bocas de fusiles,
no sólo en cuartos de tortura, no sólo en las nocturnas consignas de los guardias, está la tiranía
no en los pliegos de cargos ardiendo oscuros como el humo, la confesión, ni el morse del preso sobre el muro,
no sólo en la sentencia fría del juez: !culpable! está la tiranía, y no sólo en las órdenes
de !Preparen! y !Fuego! ni en los redobles, ni en el modo en que arrastran el cadáver al foso,
no sólo en las noticias susurradas con miedo a través de una puerta furtiva y entreabierta,
en el dedo en los labios indicando callarse, está la tiranía, y no sólo en el rígido
trazo como de rejas, ni en el aullar luchando mudo contra las rejas, ni en la cascada de lágrimas calladas acreciendo el silencio, ni en la pupila abierta,
está la tiranía, y no sólo en los !Viva!, ni en el !Bravo! y los cantos que en pie todos corean;
donde haya tiranía está la tiranía no sólo en los aplausos, las palmas incesantes,
las trompetas, la ópera, la piedra en las estatuas, el color del retrato chillón y mentiroso,
no sólo en cada marco, ya en el pincel estaba; ni en el vibrar del auto de noche y en silencio,
que se detiene bajo la arcada;
donde hay tiranía, siempre está presente en todas partes, como tu dios nunca estuviese;
está la tiranía en el jardín de infantes, el consejo del padre, la sonrisa materna;
en el modo del nino responder al extrano;
no sólo en el alambre de púas, ni en las frases gastadas que en los libros duelen más que las púas;
está en el beso de despedida, al decir de la esposa cuándo vuelves, querido;
en los qué-tal triviales que en la calle te llueven, y ese apretón de manos que de súbito aflojan;
al helarse la cara de tu amor de repente, pues en las citas de amor está presente;
no sólo en los careos, la confesión, las dulces palabras embriagadas, como mosca en el vino,
ni en tu sueno estás solo, está la tiranía en el tálamo, y antes aún, en el deseo,
pues para ti lo bello es lo que ya ella tuvo, y con ella yacías, mientras creías que amabas,
en el plato y el vaso, la nariz y la boca, en el frío y la sombra, en tu cuarto y afuera,
como hedor de carrona al abrir la ventana, como cuando un escape de gas llena la casa,
si estás hablando solo es ella quien pregunta, ni cuando fantaseas te libras de ella,
se hace tierra de nadie la vía láctea, los focos la iluminan, minada, los luceros: mirillas,
la celeste bóveda un campo de castigo, pues en el doble afiebrado de las campanas está hablando la tiranía,
en el cura a quien te confiesas, en sus predicaciones, potro, templo y parlamento, son otros escenarios suyos;
al abrir y cerrar los párpados, siempre te mira; como dolencia está contigo, como el recuerdo,
y la rueda del tren, ?la escuchas? preso estás, preso, repite, por las montanas y las costas sigues oliéndola,
relampaguea y es ella la que truena y deslumbra, y al corazón lo paraliza, inesperada;
está en la calma, en los grilletes del hastío, en la lluvia precipitándose en barrotes hasta los cielos;
en la nevada que te encierra como blanca pared de celda; es ella quien te mira por ojos de tu perro;
y estando en toda meta ocupa tu futuro, está en tu mente, y en cada gesto tuyo;
como el agua a su cauce, la sigues y la creas; ?miras fuera del círculo? al espejo te espera,
te acecha, inútil escaparse, eres guardián y preso, en el olor de tu tabaco y en el pano de tu vestido
penetra, hasta en tu médula, quieres pensar, tu mente no tiene otras ideas sino las suyas,
al mirar ves apenas la ilusión que te muestra, y te cerca el incendio del bosque, por el fósforo
que al lanzar a la tierra no apagaste pisándolo, y así te guarda prisionero en casa, campo y fábrica;
no sabes ya qué es vida, ni pan ni carne, qué es amor ni deseo, ni un abrirse los brazos,
así forja esposas el siervo y él mismo se las asegura, cuando comes ella se nutre, para ella engendras tu hijo,
donde hay tiranía, son todos un eslabón de su cadena; su hedor emana de tu cuerpo, tú mismo eres tiranía;
como topos al sol desnudo, damos tumbos en las tinieblas, apretándonos en un cuarto tal como en el desierto;
pues donde está la tiranía todas las cosas son inútiles, incluso las canciones, o cualquier obra;
pues estaba desde el comienzo junto a tu tumba, es ella quien dice lo que fuiste, tus cenizas son sus esclavas. (1950)
Egy mondat a zsarnokságról
Gyula Illyés
Hol zsarnokság van, ott zsarnokság van nemcsak a puskacsőben, nemcsak a börtönökben,
nemcsak a vallató szobákban, nemcsak az éjszakában kiáltó őr szavában, ott zsarnokság van
nemcsak a füst-sötéten lobogó vádbeszédben, beismerésben, rabok fal morse-jében,
nemcsak a bíró hűvös ítéletében: bűnös! ott zsarnokság van nemcsak a katonásan
pattogtatott "vigyázz"-ban, "tűz"-ben, a dobolásban, s abban, ahogy a hullát gödörbe húzzák,
nemcsak a titkon félignyílt ajtón ijedten besuttogott hirekben,
a száj elé hulltan pisszt jelző ujjban, ott zsarnokság van nemcsak a rács-szilárdan
fölrakott arcvonásban s e rácsban már szótlan vergődő jaj sikolyban, a csöndet
növelő néma könnyek zuhatagában, kimeredt szembogárban, ott zsarnokság van nemcsak a talpraálltan harsogott éljenekben, hurránkban, énekekben,
hol zsarnokság van, ott zsarnokság van nemcsak az ernyedetlen tapsoló tenyerekben,
kürtben, az operában, éppoly hazug-harsányán zengő szoborkövekben, színekben, képteremben,
külön minden keretben, már az ecsetben; nemcsak az éjben halkan sikló gépkocsizajban
s abban, megállt a kapualjban;
hol zsarnokság van, ott van jelenvalóan mindenekben, ahogy rég istened sem;
ott zsarnokság van az óvodákban, az apai tanácsban, az anya mosolyában,
abban, ahogy a gyermek idegennek felelget;
nemcsak a szögesdrótban, nemcsak a könyvsorokban szögesdrótnál jobban butító szólamokban;
az ott van a búcsúcsókban, ahogy így szól a hitves: mikor jössz haza, kedves;
az utcán oly szokottan ismételt hogy-vagy-okban, a hirtelen puhábban szorított kézfogásban,
ahogy egyszercsak szerelmed arca megfagy, mert ott van a légyottban,
nemcsak a vallatásban, ott van a vallomásban, az édes szó-mámorban, mint légy a borban,
mert álmaidban sem vagy magadban, ott van a nászi ágyban, előtte már a vágyban,
mert szépnek csak azt véled, mi egyszer már övé lett; vele hevertél, ha azt hitted, szerettél,
tányérban és pohárban, az van az orrban, szájban, hidegben és homályban, szabadban és szobádban,
mintha nyitva az ablak, s bedől a dögszag, mintha a házban valahol gázfolyás van,
ha magadban beszélgetsz, ő, a zsarnokság kérdez, képzeletedben se vagy független,
fönt a Tejút is már más: határsáv, hol fény pásztáz, aknamező; a csillag: kémlelő ablak,
a nyüzsgő égi sátor: egyetlen munkatábor; mert zsarnokság szól lázból, harangozásból,
a papból, kinek gyónói, a prédikációból, templom, parlament, kínpad: megannyi színpad;
húnyod-nyitod a pillád, mind az tekint rád; mint a betegség, veled megy, mint az emlék;
vonatkereke, hallod, rab vagy, rab, erre kattog: hegyen és tenger mellett be ezt lehelled;
cikáz a illám, az van minden váratlan zörejben, fényben, a szív-hökkenésben;
a nyugalomban, e bilincs-unalomban, a zápor zuhogásban, ez égig érő rácsban,
a cellafal-fehéren bezáró hóesésben; az néz rád kutyád szemén át,
s mert minden célban ott van, ott van a holnapodban, gondolatodban, minden mozdulatodban;
mint víz a medret, követed és teremted; kémlelődsz ki e körből? ő néz rád a tükörből,
ő les, hiába futnál, fogoly vagy, s egyben foglár; dohányod zamatába, ruháid anyagába, beivódik, evődik velődig; eszmélnél, de eszme csak övé jut eszedbe,
néznél, de csak azt látod, mit ő eléd varázsolt, s már körbe lángol erdőtűz gyufaszálból,
mert amikor ledobtad, el nem tiportad; s így rád is ő vigyáz már, gyárban, mezőn, a háznál,
s nem érzed már, mi élni, hús és kenyér mi, mi szeretni, kívánni, karod kitárni,
bilincseit a szolga maga így gyártja s hordja; ha eszel, őt növeszted, gyermeked neki nemzed,
hol zsarnokság van, mindenki szem a láncban; belőled bűzlik, árad, magad is zsarnokság vagy;
vakondként napsütésben, így járunk vaksötétben, s feszengünk kamarában, akár a Szaharában;
mert ahol zsarnokság van, minden hiában, a dal is, az ilyen hű, akármilyen mű,
mert ott áll eleve sírodnál, ő mondja meg, ki voltál, porod is neki szolgál.
(1950)
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En Pest la calle roja en sangre Lajos Tamási
Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Caminamos, una corriente invisible nos cubre el pecho, aún vuela el canto balbuceando, pero en Pest la calle ya es nuestra.
Nada que hacer, esto nos queda, esto apenas como refugio, un resplandor alzando vuelo, un flamear sagrado que brota.
Banderas altas, jubilosas, se derraman en anchas sendas, su color de seda se llena: !La calle en Pest de nuevo es nuestra!
Otra vez nuestro el bravo canto, de corazón, ya no por fuerza, y a los ojos miran las armas: Ministro, ?contra quién apuntas?
En Pest la calle roja en sangre, sangre de obreros y estudiantes, en Pest la calle roja en sangre, ?contra quién apuntas, Ministro?
?Contra quién las armas temblantes, vosotros, ministros caídos? Ni los tanques ni los servicios secretos ya podrán salvaros.
Tú que a nombre del pueblo alzaste las armas contra nuestro pecho con las manos ha mucho en sangre, Gerő, asesino, ?a dónde huyes?
En Pest la calle roja en sangre, la lluvia cae y con su golpe lava la sangre, pero queda sobre las piedras de la calle.
En Pest la calle roja en sangre, sangre de obreros y de jóvenes, junto a banderas tricolores poned una insignia de luto.
Y en las insignias tricolores poned un trío de promesas: una en lágrimas, puro llanto; otra de odio a la tiranía,
y un voto: tú, país pequeno, nadie que en ti viva lo olvide, que la libertad ha nacido de la sangre que en Pest corría.
26- 27 de octubre 1956
Piros a vér a pesti utcán
Lajos Tamási Megyünk, valami láthatatlan áramlás szívünket befutja, akadozva száll még az ének, de már miénk a pesti utca.
Nincs más teendő: ez maradt, Csak ez maradt már menedékül, Valami szálló ragyogás kél, Valami szent lobogás készül.
Zászlóink föl, ujjongva csapnak, Kiborulnak a széles útra, Selyem-színei kidagadnak: Ismét mienk a pesti utca!
Ismét miénk a bátor ének Parancsolatlan, tiszta szívvel, S a fegyverek szemünkbe néznek: Kire lövetsz, belügyminiszter?
Piros a vér a pesti utcán, Munkások, ifjak vére ez, Piros a vér a pesti utcán, Belügyminiszter, kit lövetsz?
Kire lövettek összebújva Ti, megbukott miniszterek? Sem az ÁVH, sem a tankok Titeket meg nem mentenek.
S a nép nevében, aki fegyvert Vertél szívünkre, merre futsz, Véres volt a kezed régen Gerő Ernő, csak ölni tudsz?
...Piros a vér a pesti utcán, eső esik és elveri mossa a vért, de megmaradnak a pesti utcák kövein
Piros a vér a pesti utcán, Munkások -ifjak vére folyt, A háromszín lobogók mellé Tegyetek ki gyászlobogót.
A háromszín-lobogók mellé Tegyetek három esküvést: Sírásból egynek tiszta könnyet, S a zsarnokság gyűlöletét,
s fogadalmat: te kicsi ország, el ne felejtse, aki él, mert úgy született a szabadság, hogy pesti utcán folyt a vér.
26-27 Octubre
Los caídos László Benjámin
Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Sobre orugas y en uniforme vino la MUERTE por vosotros. De amor, maldad, bondad, trabajo y esperanza ya os despojaron. Y ahora de vuestra memoria hasta la honra están quitando.
A vosotros, vivos y muertos, os acusa de saqueadores Quien quiere en este país triste saquear los últimos tesoros. !Venga el Poder pues en orugas! !A saquear nuestros corazones!
Valses y obuses, y no llanto, son el adiós de los caídos. ?Qué será de nosotros? ?Sólo en la tumba nos libraremos? No hay respuesta. Sólo hay sangre, sólo duelo.
Elesettek Benjámin László
Lánctalpakon, egyenruhában jött a HALÁL értetek. Szerelem, munka, remény, jó és rossz már tőletek elvétetett. De már emléketektől is veszik el a becsületet.
Élők és holtak: fosztogatónak titeket gyaláz, aki Ezt a szomorú országot utolsó kincseitől akarja megfosztani. Hát jöjjön a lánctalpas Hatalom! Szívünket fossza ki!
Ágyúszó, könnyűzene búcsúztatja az elesetteket, nem sírás. Mi lesz velünk? Már csak a sírban van szabadulás? Nincs felelet. Csak a vér van, csak a gyász.
Flota
Ágnes Nemes Nagy Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Viento, viento. La casa como proa a babor y estribor bandea en la noche, crujiendo se estremecen el papel y el batiente y abajo en negras barricadas por cauce de asfalto estridente estalla un son de acorazados, olas y olas dan en las casas, barriendo a los que están ahogándose, y las casas, restos de barcos, están jadeando y tambalean con finos mástiles de antenas, se balancean y hasta vuelcan, y vibra en el bajío nocturno, quebrantada, la ciudad-flota.
En el cielo ígneas senas mudas. Y en las cumbres sobre la noche, olvidadas y ya en jirones, las banderas descoloridas.
Rugen, rugen la noche entera filas de tanques en el Campo de Sangre: océano indomable.
FLOTTA
Ágnes Nemes Nagy A szél, a szél. A ház, mint egy hajó-orr az éjszakában jobbra-balra bókol, zörög, remeg papír, keret, és lent fekete torlaszokban csörömpölő aszfak-mederben páncélosok robaja robban, hullám hullámra vág a háznak, a fulladókon át-meg átcsap, s a házak mind, a roncs hajók csak imbolyognak és zihálnak sovány antenna árbócokkal még himbálóznak körbe-körbe, s rezeg az éji zátonyon a város-flotta, összetörve.
Az égen nema tűzjelek. S az ormokon az éj felett a kint felejtett, tönkre-ázott széjjelmosódott-színű zászlók. S zúg, zúg, zúg teljes éjszakán a tanksor lent a Vérmezőn: csitíthatatlan óceán.
1957
Ángel del Cielo Sándor Márai
Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Ángel del cielo, vé de prisa A Budapest frío y tiznado. Allí donde entre tanques rusos Las campanas se silenciaron. Donde la Navidad no brilla, Ni hay dorado sobre los árboles. Sólo hambre, hielo, escalofrío. Dilo de modo que comprendan. En voz alta desde la noche: El milagro anúnciales, Ángel.
Haz susurrar veloz tus alas, Vuela aprisa, que ellos te esperan. No les vayas a hablar del mundo Donde ahora hay velas prendidas, Tibias casas y mesas puestas, Cura y sermón de frases bellas, Papel crujiente de regalos, Palabras sabias, deseos buenos, Y en el árbol brillan centellas. Háblales, Ángel, del milagro.
Diles del milagro del mundo: El árbol de un pueblo que sufre En la Noche de Paz ha ardido, Y ahora muchos se persignan, Lo miran las gentes del mundo, Unos comprenden y no otros, Les queda grande y cabecean, Rezan o miran espantados. En el árbol no cuelgan dulces, Sino Hungría, Cristo de pueblos.
Y ante ella hay muchos que pasan: El Soldado que hirió su pecho, El Fariseo que la vendiera, El que la negó las tres veces, El que se ha lavado las manos, El que al darla en treinta monedas La humilló, la golpeó, la hiriera: Y comió de su cuerpo y sangre(. Muchos, lelos, paran a verla, Pero a hablar no se atreve nadie.
Tampoco ella habla ya ni acusa. Como Cristo de la cruz mira. Qué árbol de navidad tan raro- Que trajera el Ángel o el Diablo. Y quienes se juegan su manto, No saben lo que están haciendo, Sólo huelen, gimen, sospechan El gran secreto de esta noche, Pues está en este extrano árbol El pueblo húngaro colgado.
Y comenta el mundo el milagro, Los curas hablan de coraje, Un estadista da el responso. El Santo Padre lo bendice. Y los pueblos de toda especie Preguntan a qué todo esto. ?Por qué no se ha acabado Hungría Como ellos lo demandaban? ?Por qué se partió en dos el cielo, Cuando un pueblo dijo: Ya basta?
Tántos hay que no entienden esto. ?Qué creció aquí como un océano? ?Por qué tembló el orden del mundo? Gritó un pueblo, y luego el silencio. ?Qué pasó? se preguntan muchos. ?Quién dio esta ley de sangre y huesos? Y otros más preguntan, preguntan, Balbuceando pues no comprenden, Los que han sido sus herederos( ?La Libertad es tan preciosa?
Ángel del cielo, da la nueva: Siempre dará vida la sangre. Ellos antes ya se encontraron (El pastor, el asno y el Nino( En las pajas, junto al pesebre, Al parir la vida a un viviente, Ellos cuidan hoy del Milagro, Montando guardia con su aliento: Arde una estrella, brota el alba( Díselos todo, Ángel del cielo.
Nueva York, 1956
Mennyből az angyal Sándor Márai
Mennyből az angyal menj sietve Az üszkös, fagyos Budapestre. Oda, ahol az orosz tankok Között hallgatnak a harangok. Ahol nem csillog a karácsony, Nincsen aranydió a fákon, Nincs más, csak fagy, didergés, éhség. Mondd el nekik, úgy, hogy megértsék. Szólj hangosan az éjszakából: Angyal, vigyél hírt a csodáról.
Csattogtasd szaporán a szárnyad, Repülj, suhogj, mert nagyon várnak. Ne beszélj nekik a világról, Ahol most gyertyafény világol, Meleg házakban terül asztal, A pap ékes szóval vigasztal, Selyempapír zizeg, ajándék, Bölcs szó fontolgat, okos szándék. Csillagszóró villog a fákról: Angyal, te beszélj a csodáról.
Mondd el, mert ez világ csodája: Egy szegény nép karácsonyfája A Csendes Éjben égni kezdett - És sokan vetnek most keresztet. Földrészek népe nézi, nézi, Egyik érti, másik nem érti. Fejük csóválják, sok ez, soknak. Imádkoznak vagy iszonyodnak. Mert más lóg a fákon, nem cukorkák: Népek Krisztusa, Magyarország.
És elmegy sok ember előtte: A Katona, ki szíven döfte, A Farizeus, ki eladta, Aki háromszor megtagadta. Vele mártott kezet a tálba, Harminc ezüstpénzért kínálta, S amíg gyalázta, verte, szidta: Testét ette és vérét itta - Most áll és bámul sok ember, De szólni hozzá senki nem mer.
Mert ő sem szól mar, nem is vádol, Néz, mint Krisztus a keresztfáról. Különös ez a karácsonyfa, ördög hozta, vagy Angyal hozta - Kik köntösére kockát vetnek, Nem tudják, mit is csefekesznek, Csak orrontják, nyínak, gyanítják Ennek az éjszakának titkát, Mert ez nagyon furcsa karácsony: A magyar nép lóg most a fákon.
És a világ beszél csodáról, Papok papolnak bátorságról. Az államférfi parentálja. Megáldja a szentséges pápa. És minden rendű népek, rendek Kérdik, hogy ez mivégre kellett. Mért nem pusztult ki, ahogy kérték? Mért nem várta csendben a végét? Miért, hogy meghasadt az égbolt, Mert egy nép azt mondta: "Elég volt?"
Nem érti ezt az a sok ember, Mi áradt itt meg, mint a tenger? Miért remegtek világrendek? Egy nép kiáltott. Aztán csend lett. De most sokan kérdik: mi történt? Ki tett itt csontból, húsból törvényt? És kérdik, egyre többen kérdik, Hebegve, mert végképp nem értik - Ők, akik örökségbe kapták-: Ilyen nagy dolog a Szabadság?...
Angyal, vidd meg a hírt az égből, Mindig új élet lesz a vérből. Találkoztak ők már néhányszor - A gyermek, a szamár, a pásztor - Az alomban, a jászol mellett, Ha az élet elevent ellett, A Csodát most is ők vigyázzák. Leheletükkel állnak strázsát, Mert csillag ég, hasad a hajnal, Mondd meg nekik - mennyből az angyal.
Dándole lustre a Octubre
György Gömöri Traducción de Rodrigo Escobar Holguín
Como a tazón de plata que hace anos se guardara, con su brillo manchado y deslucido, Revolución, así te limpio. De tus hechos ya no he de decir nada: las banderas con huecos en el viento de octubre, las palabras volando en libertad, el éxtasis salvaje, el terror de los tanques atacando, su fuego de canón, tumbas de adolescentes en los parques... No, lo que voy a decir lo entenderá cualquiera, quien no lo llegó a ver, o quien naciera luego: nunca antes pude decir "húngaro" con cabeza tan alta ni con tanta certeza, ni tan consciente de mi entereza humana. A orgullo de nación derecho nunca tuve antes. De cierto sé que ante el estrado del futuro con apenas decir "56" y "Hungría" tendrán perdón nuestros innúmeros pecados; si de nosotros algo sobrevive, será esto y por siempre.
Polishing October György Gömöri Translated by the author and Clive Wilmer
Like cleaning a silver bowl years locked away, the shine of it all tarnished now and spotted: that's how, Revolution, I clean you. I won't tell facts about you any longer: in the October wind the holed-through banners fluttering, the words fleeing freely, that wild ecstasy, tanks charging along in terror, their guns firing, graves for teenagers dug in public squares... No, what I'll say can be grasped by anyone, by those not there to see it or born later: I could never before say the word "Hungarian" with my head raised so high and with such certainty, so conscious of my integrity as a human. I never before had the right to be proud of my nation. And I'm sure that when at the bar of posterity I need say no more than "56" and "Hungary"- and then our countless sins will be forgiven and if anything survives of us, this will, and will forever.
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